Nada es permanente excepto el cambio
Desde tiempos antiguos, la humanidad ha intentado aferrarse a la idea de permanencia. Construimos ciudades de concreto, establecemos tradiciones, formamos vínculos y creamos identidades con la esperanza de que algo —aunque sea una parte— permanezca intacto frente al paso del tiempo. Sin embargo, la afirmación “ nada es permanente excepto el cambio ” no solo desafía esta aspiración, sino que la desmonta por completo, exponiendo una verdad incómoda: la estabilidad que tanto buscamos es, en gran medida, una construcción mental. El cambio no es simplemente un fenómeno ocasional o una alteración en el curso de las cosas; es la condición fundamental de la existencia . Todo lo que conocemos —desde nuestro cuerpo hasta nuestras creencias— está en constante transformación. Las células mueren y se regeneran, las ideas evolucionan, los sistemas políticos colapsan y se reinventan. Incluso aquello que parece más sólido, como las montañas o las instituciones, está sujeto a procesos de desgaste, ada...