El alma necesita más silencio que palabras
El alma necesita más silencio que palabras, y no como una consigna romántica sino como una verdad incómoda que contradice la urgencia moderna de explicarlo todo, de decirlo todo, de opinar sobre todo. Vivimos en un tiempo donde el ruido se confunde con presencia y la verborragia con profundidad, donde quien más habla parece existir más, y quien calla es sospechoso de vacío. Sin embargo, el alma no se nutre de la saturación, sino del espacio. Necesita pausas como el cuerpo necesita respirar, necesita huecos donde acomodar lo vivido, necesita sombra para comprender la luz. En el exceso de palabras, la experiencia se vuelve superficial, porque no alcanza a decantar, no alcanza a sedimentarse en la conciencia. Decimos antes de sentir, explicamos antes de comprender, justificamos antes de aceptar. El silencio, en cambio, obliga a la honestidad, porque no ofrece refugio en la retórica . En el silencio no hay máscaras que sostener ni discursos que repitan lo aprendido: queda solo lo esencia...