El desafío de cambiarnos a nosotros mismos.
Hay una idea que parece sencilla cuando se lee, pero incómoda cuando se vive: Cuando ya no podemos cambiar una situación, aparece el desafío de cambiarnos a nosotros mismos. A primera vista suena como una frase optimista. Incluso puede parecer una de esas frases que se comparten para sentirse mejor durante unos segundos. Pero si uno la mira con cuidado, descubre algo mucho más difícil: no habla de esperanza fácil. Habla de límite. Vivimos con una idea silenciosa de que todo problema debería tener solución externa. Si el trabajo no funciona, cambiar de trabajo. Si una relación duele, salir de ella. Si el lugar donde vivimos nos limita, movernos. Si estamos vacíos, buscar una nueva meta. La modernidad nos entrenó para intervenir el mundo. Y durante mucho tiempo eso funciona. Pero tarde o temprano aparece una situación que no cede. Una pérdida. Un fracaso que no se puede deshacer. Una decisión que ya fue tomada. Una realidad que simplemente existe. Y ahí ocurre algo extraño...