La herida es el lugar por donde entra la luz
Hay heridas que no se ven. No sangran frente a los demás ni dejan cicatrices visibles sobre la piel, pero viven en silencio dentro de nosotros. Son esas fracturas invisibles que nacen de una pérdida, de una decepción, de una traición, de una infancia incompleta, de un amor que terminó, de palabras que dolieron demasiado o de sueños que nunca llegaron a cumplirse. Todos cargamos alguna. Y aunque pasamos gran parte de la vida intentando ocultarlas, evitarlas o anestesiarlas, existe una verdad profundamente humana: muchas veces, es precisamente a través de esas grietas donde comienza nuestra transformación. “La herida es el lugar por donde entra la luz” no es solo una frase poética. Es una revelación sobre la condición humana. Porque el dolor, aunque nadie lo desea, tiene una capacidad única para romper nuestras máscaras. Cuando todo parece estar bien, solemos vivir en automático. Corremos, acumulamos, fingimos fortaleza, mantenemos conversaciones superficiales y llenamos el vacío con di...