La vida es una herida abierta
Decir que la vida es una herida abierta puede parecer, en un primer momento, una afirmación pesimista, incluso dolorosa. Sin embargo, encierra una verdad profunda sobre la condición humana : vivir implica sentir, y sentir implica exponerse constantemente al roce del mundo, a sus pérdidas, sus cambios y sus incertidumbres. La vida, lejos de ser una superficie lisa y protegida, es un territorio vulnerable donde cada experiencia deja una marca, una cicatriz o, en ocasiones, una herida que nunca termina de cerrarse. Desde el nacimiento, el ser humano entra en contacto con la fragilidad. El primer llanto no solo anuncia la llegada al mundo, sino también el inicio de una existencia atravesada por la necesidad, el deseo y la dependencia. A lo largo del tiempo, aprendemos que todo aquello que amamos puede perderse: las personas, los momentos, incluso las versiones de nosotros mismos. Esta conciencia convierte la vida en una herida abierta, porque no hay forma de blindarse completamente contra...