El verdadero viaje es interior
Hay caminos que no aparecen en los mapas, rutas que no se trazan con coordenadas ni se recorren con equipaje. Son trayectos silenciosos , casi imperceptibles, que comienzan en un punto que creemos conocer: nosotros mismos. Durante mucho tiempo aprendemos a mirar hacia afuera, a medir la vida en destinos, logros y distancias físicas. Nos enseñan que avanzar es moverse, que crecer es acumular experiencias visibles, que descubrir es encontrar algo que no sabíamos que existía. Pero hay un momento —a veces suave, a veces abrupto— en el que esa lógica deja de sostenerse, y aparece una inquietud distinta, más profunda, más incómoda: la sensación de que, a pesar de todo lo recorrido, hay algo esencial que sigue pendiente. Ese “algo” no está en otro lugar. No se encuentra en otra ciudad, en otro trabajo, en otra persona. Está dentro, esperando ser mirado. Y ahí comienza el verdadero viaje . No es un viaje fácil. A diferencia de los trayectos externos, aquí no hay señales claras, ni itinerarios ...