No hay mayor angustia que la de un futuro vacío
No hay mayor angustia que la de un futuro vacío. No es el miedo inmediato, no es el dolor concreto ni la pérdida tangible lo que más pesa sobre el pecho humano, sino esa sensación difusa, silenciosa y persistente de caminar hacia adelante sin encontrar nada que justifique el paso siguiente. Es un vacío que no grita, que no irrumpe con violencia, sino que se instala con una calma inquietante, como una habitación sin muebles donde cada sonido resuena más de lo que debería. Es la ausencia de propósito, la incertidumbre que no ofrece siquiera la promesa de una sorpresa, sino la sospecha de que no hay nada esperando al otro lado. El ser humano, por naturaleza, necesita proyectarse. Vive no solo de lo que es, sino de lo que imagina que puede llegar a ser. Los sueños, las metas, incluso las pequeñas expectativas cotidianas funcionan como hilos invisibles que tiran de nosotros hacia adelante. Cuando esos hilos desaparecen, cuando no hay nada que nos convoque, la vida se vuelve pesada, casi in...