La vida es corta, el arte es largo
La vida es corta, el arte es largo. Esta frase, atribuida a Hipócrates , ha atravesado siglos como una advertencia y como un consuelo. Advertencia, porque nos recuerda que el tiempo que habitamos es limitado, frágil, impredecible. Consuelo, porque nos susurra que aquello que creamos, aquello que amamos y transformamos con nuestras manos y nuestra imaginación, puede trascendernos. Vivimos en un mundo que corre, que mide los días en productividad y los años en metas cumplidas, pero el arte no entiende de prisas. El arte se expande, respira, madura con quien lo contempla y se resignifica con cada generación. La vida se nos presenta como un destello. Nacemos, crecemos, aprendemos a nombrar el mundo y, cuando apenas empezamos a comprenderlo, ya sentimos el vértigo del paso del tiempo. Hay una urgencia silenciosa que nos acompaña: hacer, lograr, dejar huella. Sin embargo, el arte nos invita a detenernos. Frente a una pintura, una melodía o un poema, el reloj pierde autoridad. En ese instant...