Todos los adultos fueron primero niños (pero pocos lo recuerdan)
Todos los adultos fueron primero niños, pero pocos lo recuerdan. Tal vez porque crecer no sucede de golpe; ocurre en pequeñas renuncias silenciosas. Un día dejamos de mirar las nubes buscando formas imposibles y empezamos a mirar el reloj. Dejamos de preguntar por qué el cielo cambia de color y comenzamos a preocuparnos por llegar a tiempo. Poco a poco sustituimos el asombro por la costumbre, el juego por la utilidad, la curiosidad por la respuesta rápida. Y sin darnos cuenta, aquello que fuimos queda guardado en alguna parte de nosotros como una habitación cerrada que rara vez volvemos a abrir. Ser niño no era solamente tener pocos años. Era vivir sin la necesidad constante de justificar la existencia. Era encontrar universos enteros en una caja vacía, convertir una sábana en un castillo, creer que una tarde podía durar para siempre. La infancia tenía una relación distinta con el tiempo: no corría, respiraba. Cada descubrimiento parecía inmenso porque aún no habíamos aprendido a...