Todo comienzo es frágil
Todo comienzo es frágil. Nace con la vulnerabilidad de lo que aún no tiene raíces profundas, de lo que apenas asoma la cabeza en un terreno que puede ser fértil o devastador. Un comienzo no grita: susurra. No impone: pide espacio. No exige certezas: necesita paciencia. Sin embargo, vivimos en una sociedad que desprecia lo incipiente, que idolatra lo consolidado, lo rentable, lo visible, y olvida que todo lo que hoy admira fue alguna vez un intento tembloroso. El inicio de una idea es frágil porque todavía no ha sido validado por el aplauso colectivo. Es una chispa privada en un mundo obsesionado con la exhibición pública. En la era de la inmediatez , donde cada logro se mide en métricas y cada paso se convierte en contenido, el comienzo resulta incómodo. No produce resultados rápidos. No genera titulares. No ofrece garantías. Y nuestra cultura, acostumbrada al éxito instantáneo y a la gratificación inmediata , carece de la sensibilidad necesaria para acompañar procesos lentos. La so...