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Mostrando las entradas de noviembre, 2025

Lo que siento no tiene nombre

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Hay experiencias que insisten en nacer dentro de uno como un rumor suave, como un golpe sutil que no viene del exterior sino del mismo centro del pecho. Son sensaciones que parecen querer decir algo, pero cuando uno intenta traducirlas a palabras, se escurren como agua entre los dedos. Lo que siento no tiene nombre, y quizá esa sea precisamente su naturaleza: existir más allá del lenguaje , más allá de lo que puede sostener una frase, más allá de lo que la mente logra explicar sin perder parte de su esencia. Hay momentos en los que el alma parece abrirse un poco más de lo usual, como si la vida se detuviera un instante para recordarnos que seguimos siendo humanos, vulnerables, sensibles, capaces de percibir lo invisible. Son instantes que no siempre tienen una causa clara; a veces llegan cuando la noche cae silenciosa, otras cuando el viento sopla con una ternura que uno no esperaba, o cuando un recuerdo olvidado regresa con una fuerza que desordena lo que creíamos estable. Y entonces...

El amor no es algo que se aprende. Pero sí se aprende a verlo llegar y a verlo irse

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El amor no es algo que se aprende. Nadie lo enseña en una pizarra, nadie lo resume en una teoría, nadie puede garantizarlo con fórmulas ni explicarlo con exactitud. El amor simplemente aparece, como aparece la lluvia después de una tarde pesada, como aparece el silencio cuando todo se ha dicho, como aparece una canción conocida entre el ruido del mundo. No se le puede obligar ni fabricar, no se le puede controlar ni anticipar del todo. Llega sin pedir permiso, se instala en los lugares más suaves y al mismo tiempo en los más frágiles, toca las fibras más profundas del ser sin previo aviso, y aunque muchos intenten prepararse para recibirlo, siempre encuentra una forma nueva de sorprender. Pero aunque no se aprende a amar como se aprende una ciencia, sí se aprende a reconocer el momento en que el amor llega. Se aprende a distinguir su manera de transformar lo cotidiano, se aprende a notar cuando la mirada se vuelve más lenta, cuando el tiempo parece estirarse alrededor de una presencia...

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos

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Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. La frase parece flotar sola, como un susurro antiguo que se repite en la mente cuando el mundo se aquieta. No anuncia nada, no promete nada, pero lo dice todo. Habla de esos encuentros que no se planean, de las conexiones que no se fuerzan, de los caminos que se cruzan sin mapas visibles, como si una inteligencia más profunda que la nuestra já hubiese escrito las coordenadas del alma mucho antes de que supiéramos leerlas. Hay personas que llegan como llegan las mareas , sin pedir permiso, pero respetando el ritmo de la luna. No irrumpen, no invaden, simplemente aparecen cuando la vida está lista. Cuando has aprendido a estar solo sin sentirte vacío. Cuando el silencio ya no asusta, sino que te sostiene. Y entonces sucede. No como un estallido, sino como una certeza suave. Como si el destino dijera: ahora. Andar sin buscar es un acto de rendición y de valentía al mismo tiempo. Es confiar en que no todo tiene qu...

Yo no sé del sol. Yo sé la melodía del ángel y el sermón caliente del último sueño

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“Yo no sé del sol. Yo sé la melodía del ángel y el sermón caliente del último sueño .” La frase, por sí sola, parece desprenderse de un territorio en el que la razón todavía no reclama su dominio, un espacio donde lo sensible, lo intuitivo y lo onírico son las verdaderas brújulas de la experiencia humana. Habla desde la renuncia a la explicación literal del mundo para abrazar, en cambio, aquello que se siente antes de ser comprendido. En ella se asoma un conflicto antiguo: el de la luz objetiva frente al resplandor íntimo , el de la ciencia frente al misterio , el de la vigilia frente al sueño. Y, sin embargo, más que oposición, lo que esta frase sugiere es un desplazamiento voluntario. No es que el sol no exista, sino que conocerlo no importa tanto como escuchar la melodía del ángel o recordar el calor del último sueño. Es un acto de selección y de revelación; es elegir habitar lo simbólico antes que lo tangible. Cuando se dice “yo no sé del sol”, se niega el conocimiento imperson...

Quizás todos los dragones de nuestra vida son princesas que solo esperan vernos actuar con belleza y valor

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Quizás todos los dragones de nuestra vida son princesas que solo esperan vernos actuar con belleza y valor . Esta frase, atribuida a Rainer Maria Rilke , contiene una intuición profundamente humana: aquello que tememos, aquello que se nos presenta como amenaza o peso insoportable, quizá no sea un enemigo, sino un mensaje cifrado, una petición silenciosa para que nos transformemos. Cada obstáculo podría ser, en realidad, una invitación que nos orienta hacia una versión más valiente, más auténtica y más luminosa de nosotros mismos. Los dragones, en la tradición simbólica , representan lo terrible e incomprensible: lo desconocido que no controlamos, los miedos que evitamos mirar, los dolores que consideramos demasiado grandes para enfrentarlos. Sin embargo, al mismo tiempo, son guardianes de tesoros y portales. Nunca aparecen en historias que no impliquen crecimiento. No se combate a un dragón por simple gusto; se combate —o se enfrenta— porque existe algo valioso detrás de su figura. C...

No hay realidad excepto la que está dentro de nosotros

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La idea de que no existe realidad excepto la que está dentro de nosotros puede parecer, a primera vista, una afirmación demasiado idealista, casi arrogante. Sin embargo, si se examina con detenimiento, revela una verdad más íntima y compleja: la realidad no es simplemente lo que ocurre fuera, sino lo que somos capaces de percibir, interpretar y sentir en lo más profundo de nuestra conciencia . El mundo no se despliega ante nosotros como un objeto fijo, sino como una construcción dinámica que se configura en la interacción entre lo externo y nuestro universo interior . Vivimos envueltos en una corriente de experiencias sensoriales , recuerdos, interpretaciones y emociones que funcionan como filtros inevitables , moldeando cada encuentro con el mundo físico y social . Así, dos personas que observan un mismo paisaje no ven realmente lo mismo; lo que cada una contempla es el reflejo de su propia historia, sus temores, sus deseos, sus heridas y sus certezas. Esta realidad interna es la q...