Todo lo que no se da, se pierde
Vivimos en una época que nos empuja constantemente a acumular. Acumular dinero, experiencias, conocimientos, objetos, contactos, oportunidades. Desde pequeños se nos enseña a guardar, a proteger lo que tenemos, a no desperdiciar. Y aunque ese consejo tiene su valor, hay una verdad profunda que muchas veces olvidamos: todo lo que no se da, se pierde . Dar no siempre significa regalar cosas materiales. Dar también es ofrecer tiempo, atención, palabras, comprensión, paciencia, ideas, afecto. Son formas de entrega que no se pueden medir en dinero pero que transforman profundamente a quienes las reciben y a quienes las ofrecen. Cuando retenemos demasiado aquello que podríamos compartir, no solo privamos a otros de algo valioso, también dejamos que esa riqueza se marchite dentro de nosotros. El conocimiento , por ejemplo, se vuelve más poderoso cuando se comparte. Un conocimiento guardado termina estancándose. Cuando explicamos algo a otra persona, cuando enseñamos, cuando debatimos o cuando...