Llegar tarde a uno mismo: el costo invisible de no decidir
Y lo cierto es que, aunque el cuerpo avanza, muchas veces el alma se queda detenida en el “todavía no”. En esa pausa donde todo parece posible, pero nada sucede.
El arte de postergar lo inevitable
Postergar una decisión es postergar una parte de ti. Lo hacemos porque el miedo nos paraliza, porque la comodidad se disfraza de estabilidad, porque creemos que el momento ideal existe y está por llegar. Pero la verdad incómoda es esta: a veces nunca llega. Y si uno no actúa, si uno no elige, otros lo harán por ti. O peor: la vida elegirá en tu ausencia, como una corriente que arrastra a quien no rema.
Historia conocida: Manuel y el trabajo que lo apagaba
Manuel llevaba cinco años diciendo que quería dejar su trabajo. Cinco años despertando con la misma sensación de vacío, cinco años almorzando mirando el reloj, cinco años diciéndose: “cuando tenga un colchón de ahorro”, “cuando me capacite más”, “cuando encuentre algo seguro”.
Cinco años.
Cuando por fin se decidió, la empresa quebró. Se quedó sin trabajo, sí, pero también sin preparación para lo que seguía. Porque postergó tanto la decisión que no se preparó para su consecuencia. Llegó tarde. No solo a la salida… sino a sí mismo.
¿Qué hay detrás de esa tardanza?
Estudios que lo confirman
Un estudio de la Universidad de Carleton acuñó el término procrastinación decisional, describiéndolo como la postergación de decisiones importantes por miedo, ansiedad o incertidumbre. Y su impacto no es menor: baja autoestima, pérdida de oportunidades y un mayor riesgo de trastornos de ansiedad.
Preguntas para quien lee esto
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¿Qué decisión estás postergando desde hace demasiado tiempo?
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¿Qué crees que ganarías si la tomaras hoy?
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¿A quién le estás dando el poder de elegir por ti, al quedarte en la espera?
Acciones para dejar de llegar tarde
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Haz una lista de decisiones congeladas: aquellas que arrastras hace semanas, meses o años.
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Ponles fecha: no para actuar impulsivamente, sino para comprometerte contigo.
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Haz el ejercicio del “peor escenario”: si te da miedo decidir, imagina lo peor que podría pasar. La mayoría de las veces, descubrirás que puedes con eso.
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Habla contigo en voz alta: a veces, cuando uno se escucha, comprende lo que en el silencio se oculta.
Reflexión final
Hay quienes viven la vida como si siempre hubiera una segunda llamada. Como si cada oportunidad fuera eterna. Como si decidir fuera un lujo y no una urgencia existencial. Pero no lo es.
Las decisiones no son solo elecciones. Son la forma en que uno se afirma en el mundo. Son el modo en que uno dice: “Esto soy, esto elijo, esto me representa”.

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