El tiempo no cura, pero enseña a vivir con menos
El tiempo no cura, pero enseña a vivir con menos preguntas . Esta frase puede sonar dura, porque durante mucho tiempo hemos creído en la idea de que el paso de los días, los meses y los años es una medicina que todo lo arregla, un bálsamo automático que se encarga de cerrar heridas y devolvernos la calma. Sin embargo, la realidad suele ser distinta. Hay experiencias, pérdidas y vacíos que no desaparecen aunque los calendarios cambien. Lo que realmente hace el tiempo no es borrar, sino enseñarnos a mirar desde otro ángulo, a respirar distinto, a acostumbrarnos a la presencia de la ausencia y a la certeza de que nunca tendremos todas las respuestas. Cuando algo nos golpea con fuerza, la primera reacción es preguntar por qué. Por qué pasó, por qué a nosotros, por qué de esa manera. Esas preguntas se vuelven un eco constante, se adhieren a la piel y se transforman en compañía incómoda. Al inicio parece imposible vivir sin ellas, como si entender fuera la única forma de seguir adelante. Per...