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Mostrando las entradas de mayo, 2025

La Jaula Que Elige la Memoria

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La memoria no es un archivo confiable ni un espejo del pasado. Es más bien una criatura viva, indómita, que no responde a la voluntad sino a sus propios impulsos. Tiene apetitos extraños. Guarda lo que no se le pide y olvida lo esencial. Regresa cuando uno quiere paz, se esconde cuando uno busca respuestas. Es, en muchos sentidos, un animal salvaje domesticado a medias por la conciencia , pero que nunca deja de morder. Y no solo muerde, también elige. Elige qué retener, qué distorsionar, qué callar. A veces por protección. A veces por conveniencia. Y otras, por simple azar. La memoria no es justicia ni cronología. No está al servicio de la verdad objetiva. Está al servicio de la supervivencia emocional . Y por eso puede ser traicionera. Se habla con frecuencia del olvido como falla, como vacío. Pero en realidad el olvido es una forma activa de construcción . Lo que no recordamos también nos define. Porque lo que queda es, de algún modo, lo que hemos dejado ganar. La memoria, como an...

Hay decisiones que duelen incluso cuando son correctas

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Hay una contradicción silenciosa que atraviesa muchas decisiones humanas: la idea de que lo correcto, por serlo, no debería doler. Pero la experiencia, la íntima, la que no cabe en fórmulas ni en frases de autoayuda , demuestra que hay elecciones que parten el alma aun cuando son necesarias, justas o inevitables. Porque no toda verdad es amable, ni todo acto de integridad viene sin costo. Decidir lo correcto puede significar renunciar. Cortar. Aceptar. O incluso alejarse. No por falta de amor, sino por exceso de claridad. No por cobardía, sino por saber, con dolorosa certeza, que quedarse sería más destructivo que partir. Hay relaciones que se terminan no por falta de sentimiento, sino porque el amor ya no construye. Hay empleos que se dejan con el corazón en la garganta porque la dignidad vale más que un salario. Hay lugares que se abandonan porque seguir ahí implicaría traicionarse. Y todo eso, por más legítimo que sea, duele. La cultura de la eficacia ha instalado la fantasía d...

El pasado no muere, simplemente cambia de forma

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Hay una falsa pedagogía del tiempo que nos ha hecho creer que el pasado queda atrás, enterrado, vencido. Como si el tiempo fuese un río que arrastra lo vivido hasta el olvido y nos permite, con suficiente distancia, empezar de nuevo. Pero el pasado no muere. Nunca lo ha hecho. Simplemente se transforma: cambia de nombre, de rostro, de emoción. Se esconde en hábitos, en heridas abiertas, en reacciones automáticas. Se disfraza de carácter o de destino. Pero sigue ahí. Uno no puede vivir sin su pasado, pero tampoco vive en él sin consecuencias. Las decisiones que tomamos, las relaciones que construimos —y las que evitamos—, el miedo a repetir, el impulso de huir, la incapacidad de confiar o de soltarse: todo ello tiene raíces más profundas de lo que creemos. Y casi siempre, esas raíces se hunden en episodios no resueltos, no narrados del todo, o simplemente silenciados. El pasado no necesita aparecer como recuerdo para influir. Puede estar perfectamente activo desde el inconsciente. Un ...

Escribir para no endurecerse

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No todo lo que se escribe busca ser leído. A veces la tinta no quiere convencer, ni enseñar, ni siquiera comunicar. A veces se escribe para sobrevivir. Para no estallar. Para no callar lo que dentro empieza a apretarse como un puño en el pecho. Para no endurecerse más allá del alma. Porque hay dolores que si no se nombran, se enquistan. Se hacen piedra. La literatura , en su forma más esencial, no comenzó como arte sino como testimonio. Como necesidad. Antes que novelas o poemas , hubo gritos escritos en paredes, en papiros , en la tierra misma. Hubo madres anotando nombres para no olvidar a sus hijos desaparecidos. Presos garabateando versos en servilletas. Exiliados escribiendo cartas que nunca serían enviadas. Gente común trazando palabras sin saber si tenían sentido, pero sabiendo que necesitaban sacarlas. Y es que el silencio no siempre es un refugio. Puede ser también una cárcel. Cuando lo que no se dice crece por dentro sin salida, empieza a deformar. Convierte el dolor en ...

Ensayar el adiós

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Nadie enseña a despedirse. Lo vamos aprendiendo a fuerza de hacerlo. De dejar. De ver cómo se alejan. De escuchar puertas que se cierran y voces que se apagan. Cada despedida —por más cotidiana o accidental que parezca— carga un eco mayor: el ensayo inconsciente para ese último adiós que alguna vez, inevitablemente, pronunciaremos sin retorno. Lo entendemos tarde. Tal vez después del primer duelo real , o de esa pérdida que desacomoda el alma . Lo que antes llamábamos "irse" empieza a pesar distinto. Porque detrás de cada “hasta luego” hay un pequeño entrenamiento del corazón: cómo soltar, cómo continuar, cómo recordar sin que duela al respirar. La gramática del final La vida está llena de inicios, sí, pero está hecha de finales. De ciclos que concluyen sin aviso . De vínculos que se evaporan sin culpa . De palabras que no alcanzan para cerrar. Sin embargo, no hablamos mucho del final. Lo tememos, lo evitamos. Preferimos la ilusión de permanencia . Decimos “nos vemos” aun...

Resistir al olvido: la obstinación del amor

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En un mundo que olvida rápido, donde las imágenes duran segundos en las pantallas y las palabras se deslizan sin peso, amar se ha convertido en un acto subversivo . Amar profundamente, conscientemente, es hoy casi una anomalía. Porque el amor verdadero no se adapta a la velocidad del consumo ni al ritmo de las distracciones. El amor, cuando es genuino, se queda. Insiste. Guarda. Resiste. Y en esa persistencia hay algo más que emoción: hay una forma de memoria. El amor que sobrevive al tiempo, al silencio, incluso a la ausencia, es una manera de no dejar que algo —o alguien— se borre del todo. Es una forma silenciosa pero firme de decir: esto fue real, esto existió, y yo no voy a permitir que desaparezca en la indiferencia . Amar, a veces, es simplemente negarse a olvidar. Memoria y amor: dos lenguajes del mismo gesto La memoria y el amor están hechos del mismo material: del deseo de conservar. La memoria se aferra a lo que fue; el amor, a lo que todavía significa. Pero cuando amba...

Uno se convierte en extranjero cuando se reconoce

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Hay un momento —sutil, casi imperceptible— en que uno deja de pertenecer. No ocurre con ruido ni con anuncios. No hay una línea clara que se cruce. Simplemente, un día, te encuentras caminando por los pasillos de tu vida y todo, aunque familiar, te resulta ajeno. Como si hubieras sido tú quien los construyó, pero ahora fueras un visitante. Como si tu reflejo ya no supiera cómo mirarte. Ese es el instante en que uno se convierte en extranjero . No por haber salido de su tierra, ni por haber perdido su idioma, sino por haber cambiado tanto que ya no cabe dentro de lo que fue. Y entonces, lo que antes era casa se vuelve escenario. Lo que antes era certeza, se transforma en contradicción. Identidad en fuga Durante años construimos una identidad . Lo hacemos con palabras, roles, relaciones, hábitos, lugares, creencias. Decimos “yo soy esto” y nos aferramos. Pero la vida tiene una manera extraña de moverse: avanza incluso cuando uno quiere quedarse quieto. Y de pronto, un trabajo que nos ...

Hay silencios que suenan más fuerte que un grito

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Hay un momento después del estallido, cuando ya no queda nada por decir, en el que el silencio cae como un peso que nadie ve, pero que todos sienten. Es un espacio denso, incómodo, cargado de significados que no se pronuncian. Y sin embargo, se escuchan. Porque hay silencios que suenan más fuerte que un grito . Que no necesitan decibeles para romper algo. Que no piden volumen, solo presencia. A lo largo del tiempo, el lenguaje ha sido visto como el puente hacia el otro. Hablamos para entendernos, para defendernos, para mostrarnos. Pero también callamos. Y ese callar —aunque parezca vacío— está lleno de matices, de intenciones, de heridas. El silencio no es la ausencia de comunicación, es su forma más sutil, y a menudo, más devastadora. Callar no es lo mismo que no tener nada que decir En una sociedad que valora la expresión, el silencio se interpreta con frecuencia como pasividad , debilidad o indiferencia . Pero el silencio puede ser acto, gesto, grito mudo . Puede decir: “no me ...

El vértigo de desear de verdad

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Desear parece algo natural. Deseamos cosas pequeñas: una taza de café, un día sin interrupciones, una conversación honesta. Y también cosas grandes: reconocimiento, amor, libertad, sentido. Pero entre lo que se desea por hábito y lo que se desea con el cuerpo entero, hay un abismo. Y ese abismo —cuando se cruza— tiene consecuencias que pocas veces anticipamos. Por eso la advertencia no es trivial: hay que tener cuidado con lo que uno desea, sobre todo si lo desea de verdad . Porque el deseo verdadero no es inocente. No es solo fantasía. Es una forma de empujar al mundo a moverse. Y a veces, el mundo responde. El deseo como motor El deseo tiene fuerza creadora. No se limita a imaginar: convoca, arrastra, transforma. Cuando alguien desea profundamente algo —un cambio, un proyecto, una persona, una vida distinta— pone en marcha una cadena de renuncias y movimientos que afectan más que al que desea. En este sentido, desear es comprometerse. Es iniciar un viaje sin garantía de llegada. ...