Hay días en que el alma pesa más que el cuerpo
Hay jornadas en las que la gravedad parece no obedecer a las leyes físicas , sino a las del corazón. Días en los que el cuerpo se mueve, respira, funciona, pero el alma es la que arrastra su propio peso , como si estuviera cargando con memorias no dichas, con pérdidas acumuladas, con todo lo que no se pudo soltar. No se trata de cansancio físico, sino de un agotamiento invisible , más profundo, que nace en un lugar donde la medicina no llega. Porque el alma —si aceptamos que existe— es un archivo silencioso . Guarda lo que la mente intenta olvidar y lo que el cuerpo calla. Conserva promesas rotas , sueños pospuestos , palabras que no se dijeron y dolores que no encontraron voz. Cuando esas memorias despiertan, cuando los recuerdos y las ausencias se reorganizan en un mismo punto, el peso se vuelve insoportable. Entonces uno siente que respira más despacio, que caminar cuesta más, que hasta los gestos se vuelven lentos. Como si el mundo se detuviera, pero uno siguiera hundiéndose. En...