La voz de mamá
A veces, el recuerdo de una palabra dicha hace años puede doler más que una herida abierta. A Sofía le bastaba con cerrar los ojos para sentir otra vez el filo de una frase que su madre le había dicho una tarde cualquiera, hace más de dos décadas: —Así como eres, nadie te va a querer. A los dieciocho conoció a Leandro. Él le dijo por primera vez algo distinto: —Me encanta cómo ves las cosas. Tienes una forma muy tuya de entender el mundo. Hoy Sofía es una terapeuta reconocida. Da charlas sobre “ El lenguaje emocional y la herencia invisible ”. Siempre empieza sus conferencias con la misma frase: “ Las palabras pueden ser abrigo o cuchillo, depende de quién las diga ” . “Estoy aquí” “Te creo” “Eres suficiente” No fue un grito. No fue un insulto. Fue una afirmación tranquila, lanzada con la mirada puesta en el suelo mientras recogía la mesa. Una frase que flotó en el aire como si no valiera nada, como si no fuera a quedarse a vivir en ella para siempre. Tenía trece años. Y desde entonce...