El cuerpo también recuerda lo que la mente intenta enterrar
El cuerpo también recuerda lo que la mente intenta enterrar. Esta frase, en apariencia poética, encierra una verdad clínica, psicológica y existencial de enorme profundidad. Porque no somos solo pensamiento ni memoria consciente: somos también músculos, tejidos, gestos, dolores, tensiones, respuestas automáticas. El cuerpo es mucho más que una máquina biológica; es archivo, testigo, guardián de todo lo que no pudimos, no supimos o no quisimos procesar de manera racional. Hay una tendencia —muy humana— a creer que olvidar es lo mismo que superar. Que si dejamos de pensar en aquello que nos hirió, eventualmente desaparecerá. Enterrar el recuerdo, callar el dolor, fingir estabilidad: estrategias comunes, comprensibles, pero también peligrosamente incompletas. Porque el cuerpo no firma ese pacto de silencio. El cuerpo registra lo que ocurre, incluso lo que intentamos reprimir. Y si no encuentra una vía de expresión saludable, lo expresa a su manera: con insomnios, fatigas crónicas, ansied...